Escribir es una forma de vivir y morir muchas veces

La vida de un escritor, o escritora en mi caso, no difiere mucho de la de cualquiera, con una excepción: vivimos y morimos muchas veces dentro de nuestras historias.  Y no solo eso, sino que también somos muchos personajes al mismo tiempo.  Al ponerme en la piel de un personaje soy capaz de realizar cualquier cosa.  Eso sí, dentro de unos límites específicos relacionados con la verosimilitud de la historia y de las características de dicho personaje.

Mis historias nacen cuando nace un personaje.  Primero pienso en él o en ella, en cómo será, y luego tejo a su alrededor la idea que poco a poco va cobrando la forma de una historia determinada.  Entonces me sumerjo en ella y buceo hasta el fondo.  Siempre tengo claro el inicio y el final, pero la parte central cambia dependiendo de las acciones de los personajes.  Llega un momento en que ellos cobran vida propia y la dinámica de la historia puede tomar rumbos inesperados, pero siguiendo una meta muy concreta.

la-magia-de-la-lectura_650El oficio de escritor es hermoso y creativo, de honestidad con una misma y con el lector.  Escribo para contar una historia desde mi percepción, es mi manera de expresar mi visión acerca del mundo que me rodea y de mis pensamientos, para que los lectores puedan participar de todo aquello.

¿Qué me motiva para escribir?  ¿Qué que quiero contar?  Las respuestas las encontré en el baúl de los recuerdos.  Durante mi niñez y mi adolescencia mi madre me inculcó el amor por los libros.  En cierta forma, tiene la culpa de que yo haya salido tan fantasiosa, ya que mis primeras lecturas fueron los cuentos clásicos como Caperucita Roja, La Cenicienta o La Bella Durmiente del Bosque, entre otros.

Poco a poco descubrí que aquellas historias eran mucho más que palabras puestas en un papel.  Allí se hallaban los mundos creados por un autor que había logrado que mi corazón saltara de alegría o llorara con las desventuras de los personajes.  Entonces quise también escribir para que otros sintieran lo que yo sentí cuando comencé a leer mis primeros libros.  La gente necesita que le cuenten historias.  Desde aquel momento supe que quería contribuir a la creación de nuevos mundos, de narraciones que revelaran conflictos humanos, de viajes hacia lugares épicos o íntimos.

Una historia no es solo lo que se cuenta sino cómo se cuenta.  Y lo que quiero contar tiene la intención de conmover el espíritu.  Durante mucho tiempo, con esfuerzo y con tesón, he ido adquiriendo mi estilo narrativo y lo he llenado con mi visión  personal de las cosas.  Escribir no es tarea sencilla.  Si la narración no tiene fuerza entonces la visión del mundo que un escritor desea dar resulta vacía y carente de sentido, sin importar que la historia sea original o no.

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