Motivaciones

Universo de sombras

¿Por qué escribir una novela de vampiros?  ¿Acaso no se ha escrito ya bastante al respecto?

Descubrí una frase que encierra la respuesta a la continua resurrección del mito del vampiro y que defiende su existencia a pesar de los años, de los crucifijos, del agua bendita, de la estaca y de las muchas maneras de exterminarlo.

“EVampiro_bnl vampiro, como los mitos, pareciera gozar de inmortalidad: se transforma a cambio de permanecer”.

Aletta de Sylves (1999).

Los vampiros evolucionan desde las leyendas y tradiciones, hasta la completa metamorfosis de los mismos.  Su existencia prolongada se debe a la reinvención y a la recreación del mito.  Trasciende incluso más allá de la vida y de la muerte del autor, así como de su propio tiempo, al ser plasmado en cualquiera de las manifestaciones artísticas que conocemos.  En mi caso, al ser aprehendido en un texto escrito.

El público lector también participa de un ritual vampírico al nutrirse de las nuevas y de las viejas historias que le permiten dar vida a nuevas versiones y nuevas imágenes del vampiro: una visión reformada a partir de los cambios en la percepción de la figura del mismo y de lo que le rodea.

¿Por qué Animales Nocturnos?  ¿Qué intento plantear con “otra historia de vampiros”?

 

Una posible significación del universo de sombrasbones_by_graphique_satine-d4fbfes

La eternidad es una carga pesada.  Si fuéramos eternos, todo cambiaría a nuestro alrededor, excepto nosotros.  Los personajes de Animales Nocturnos se nutren de esta eternidad; son fantasmas, un remedo de lo que una vez fueron, que vagan en el mundo sin experimentar cambios mientras que el mundo evoluciona a su alrededor.  Esta historia, a fin de cuentas, trata sobre vampiros.  ¿Acaso hay alguna otra criatura más atormentada por su inmortalidad que ésta?  ¿Qué otro personaje es capaz de reflejar con tanta certeza y crueldad las dudas, los conflictos o la oscuridad que habita en nuestro interior?  ¿Hay alguna esperanza para la redención dentro de las sombras?

Esta ficción se ubica en un lugar también de ficción, ideal para desatar el imaginario vampírico hasta sucesos desbocados.  Los mortales e inmortales habitan sus calles.  Un suceso que genera el caos, ya que estas dos facciones irreconciliables, en principio, no pueden coexistir sin enfrentarse.  Los seres de la noche quieren aplastar a la humanidad y esclavizarla, mientras que los mortales luchan desesperadamente por sobrevivir y resistirse.  Esta lucha entre el bien y el mal no dista mucho de todas aquellas luchas ocurridas a lo largo de la historia de género humano.  Siempre ha habido y habrá una excusa para actuar según la conveniencia de cada bando.

Para Thomas Hobbes, la guerra era un estado natural del hombre por su propia ferocidad, por las consecuencias de sus propias pasiones carentes de moral.  Claro que esta afirmación la hizo hace casi tres siglos, en el clamor de las teorías evolucionistas y el desarrollo de la sociología.  Pero, tal vez debamos preguntarnos ¿ha cambiado en algo esta naturaleza del hombre de ser un depredador para sí mismo y el resto de las criaturas?  ¿Es la paz un sueño que solo tiene su realización gracias a la guerra, a la lucha constante por la supervivencia?

Hay pasiones que inclinan al hombre hacia la paz y la redención y es allí donde radica la posible significación de la historia de Animales Nocturnos.  Quiere dejar abierta la posibilidad de esta redención, la de las sombras que empañan el espíritu de sus personajes.  Claro está que, cada lector sacará sus propias conclusiones.

En este mvampireundo complejo de luces y sombras hay cabida para otros temas universales como el amor y el odio, la lealtad y la trai
ción, la amistad y la enemistad.  El uso recurrente de la coincidencia de los opuestos no es casualidad, ya que la vida misma está llena de estas coincidencias, sin las cuales no podríamos vivir.  La dicotomía entre Dios y el Diablo es un perfecto ejemplo.  No hay oscuridad sin luz.  E irremediablemente, los opuestos se atraen.

Los personajes de este universo no son buenos ni malos en su totalidad.  Se mueven y se manejan al igual que nosotros en una espiral de pasiones, esperanzas y sentimientos.  Podrían convivir perfectamente en nuestro entorno, con la única diferencia de que algunos tienen colmillos.

Al final de la historia, cuando el lector se haya paseado por las calles y mirado a través de los ojos de los personajes, es posible que se plantee muchas preguntas: ¿quién triunfará realmente?, ¿qué mundo puede quedar si la oscuridad prevalece?, ¿los vampiros son la parte negativa que queremos ocultar o somos como ellos aún sin proponérnoslo?  Estas cuestiones y otras más las dejo en el aire.  Tal vez sea una forma de convocar al vacío, a la nada que envuelve a los personajes, los ahoga, los sofoca en la mente y en el espíritu; una manera de reflexionar acerca de si es un verdadero final.

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Escribir es una forma de vivir y morir muchas veces

La vida de un escritor, o escritora en mi caso, no difiere mucho de la de cualquiera, con una excepción: vivimos y morimos muchas veces dentro de nuestras historias.  Y no solo eso, sino que también somos muchos personajes al mismo tiempo.  Al ponerme en la piel de un personaje soy capaz de realizar cualquier cosa.  Eso sí, dentro de unos límites específicos relacionados con la verosimilitud de la historia y de las características de dicho personaje.

Mis historias nacen cuando nace un personaje.  Primero pienso en él o en ella, en cómo será, y luego tejo a su alrededor la idea que poco a poco va cobrando la forma de una historia determinada.  Entonces me sumerjo en ella y buceo hasta el fondo.  Siempre tengo claro el inicio y el final, pero la parte central cambia dependiendo de las acciones de los personajes.  Llega un momento en que ellos cobran vida propia y la dinámica de la historia puede tomar rumbos inesperados, pero siguiendo una meta muy concreta.

la-magia-de-la-lectura_650El oficio de escritor es hermoso y creativo, de honestidad con una misma y con el lector.  Escribo para contar una historia desde mi percepción, es mi manera de expresar mi visión acerca del mundo que me rodea y de mis pensamientos, para que los lectores puedan participar de todo aquello.

¿Qué me motiva para escribir?  ¿Qué que quiero contar?  Las respuestas las encontré en el baúl de los recuerdos.  Durante mi niñez y mi adolescencia mi madre me inculcó el amor por los libros.  En cierta forma, tiene la culpa de que yo haya salido tan fantasiosa, ya que mis primeras lecturas fueron los cuentos clásicos como Caperucita Roja, La Cenicienta o La Bella Durmiente del Bosque, entre otros.

Poco a poco descubrí que aquellas historias eran mucho más que palabras puestas en un papel.  Allí se hallaban los mundos creados por un autor que había logrado que mi corazón saltara de alegría o llorara con las desventuras de los personajes.  Entonces quise también escribir para que otros sintieran lo que yo sentí cuando comencé a leer mis primeros libros.  La gente necesita que le cuenten historias.  Desde aquel momento supe que quería contribuir a la creación de nuevos mundos, de narraciones que revelaran conflictos humanos, de viajes hacia lugares épicos o íntimos.

Una historia no es solo lo que se cuenta sino cómo se cuenta.  Y lo que quiero contar tiene la intención de conmover el espíritu.  Durante mucho tiempo, con esfuerzo y con tesón, he ido adquiriendo mi estilo narrativo y lo he llenado con mi visión  personal de las cosas.  Escribir no es tarea sencilla.  Si la narración no tiene fuerza entonces la visión del mundo que un escritor desea dar resulta vacía y carente de sentido, sin importar que la historia sea original o no.