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Fantasía versus Miedo o Terror

A modo de anécdota, cuando éramos niños y nos reuníamos en casa de algún amiguito de la escuela, siempre antes de comenzar a contar una historia, todos gritaban al unísono: «¡un cuento de terror!  ¡Uno de miedo, pero que dé mucho miedo!».  Lo que nos lleva a afirmar que el gusto por la literatura fantástica y de terror se asienta desde la más tierna infancia.

3b0a62458a488215af900167a0135e6bPero, ¿a qué temen realmente los niños?  ¿A qué tenemos miedo los adultos?  De acuerdo con la edad, se puede temer a muchas cosas: la oscuridad, las tormentas, el abandono, los monstruos diversos (el monstruo del armario, por ejemplo, es muy común) y, lo que diría Stephen King, el listado completo de los Diez Ositos.  Y en esto profundizaremos un poco más adelante.

En los antiguos cuentos folklóricos de hadas (en sus versiones originales, no los cuentos edulcorados tipo Disney), abundan las crueldades de todo tipo, personajes aterrorizados, transformaciones y encantamientos; pero también existe la posibilidad de la redención y del cumplimiento de lo mejor de sí mismos, por parte de los personajes.

No voy a entrar aquí a detallar las diferencias entre el mito (narraciones de tipo sagrado, con seres sagrados y héroes semidivinos, que se ocupan de relatar los misterios del cosmos y de la naturaleza), la fábula (donde la narración suele ser en verso, donde hay animales dotados de cualidades humanas o que actúan como hombres; los narrados en prosa son cuentos de animales), la leyenda (originada por el contacto con una realidad fuera de uso; donde se indican los lugares con precisión, los actos tienen fundamento que parece histórico y son de cualidad heróica) o el cuento (narración maravillosa o novelesca, sin localizar el lugar ni individualizar a los personajes; respondería a una concepción «infantil» del universo y tienen la función de distraer).

10300785_780872481989203_379167150021550430_nMás bien voy a ir al grano en cuanto al miedo y al terror.  El relato clásico de terror tiene su base en el cuento fantástico.  Es decir, que el terror bebe de lo fantástico.

Existen muchas teorías acerca de la literatura fantástica.  Afortunadamente, la literatura fantástica no se deja apresar con facilidad dentro de estas categorías o caracterizaciones, que aunque sirven para estudiarla, la simplifican y la empobrecen.  El cambio y la experimentación en el terreno de lo fantástico queda para más adelante del siglo xx.  Así pues, teóricos como Todorov, Maupassant, Castex o Ana María Barrenechea hablaron de lo insólito, lo maravilloso y lo fantástico, donde cada uno explicaba los elementos sobrenaturales que caracterizaban a las narraciones.

 La existencia de Borges, Cortázar o Stephen King, por citar algunos, corroboran que limitar al género fantástico es un error.  Podemos encontrar en muchas de sus obras elementos sobrenaturales inéditos, que no siguen las leyes naturales conocidas ni que pertenecen a mitologías conocidas.  Los universos son identificables, reconocibles; la realidad representada tiene que parecerse a la nuestra para convencer y demostrar que el elemento sobrenatural es inaceptable en esa representación del mundo.  Hay hiperrealidad o exageración de los hechos más corrientes de lo cotidiano también.  En los relatos de Borges o Cortázar no hace falta que aparezcan ciertos elementos del cuento y aun así son fantásticos.

10931034_10152563592537477_1882974099986710649_nMaupassant, por ejemplo, demostró que solo se tiene miedo de lo que no se entiende e insiste mucho en el miedo que debe provocar un relato fantástico, un terror cuya causa es la falta de explicación natural ante un determinado suceso o fenómeno inexplicable.

 La percepción de lo sobrenatural va cambiando con el tiempo, porque el ser humano ya no se asusta con tanta facilidad, debido al progreso y a su visión del mundo.  El lector no es tan crédulo ante las leyendas antiguas.  Por eso el autor debe ser más sutil para provocar el escalofrío de inquietud.

Lo sobrenatural entonces adquiere otro matiz: son hechos anormales, una realidad extraña, otro mundo existente con sus propias leyes.  Quien mejor expresó esta unidad entre terror y fantasía fue Poe.  Él encontró una fórmula para conducir al terror: El equilibrio y la contención que impone una narración breve, por ejemplo, facilitan el estrecho control de lo que se narra y permiten moderar la tensión.  El lector se siente atraído por lo que le asusta, cada vez más, y es conducido por una telaraña narrativa, donde hay una atmósfera sugerente, gracias a los mecanismos psicológicos que convierten lo macabro en un objeto de placer estético.

El crecimiento gradual de la tensión se basa en una lenta ascensión en el interés del lector; se crea una atmósfera adecuada gracias a las palabras escogidas y a los adjetivos usados, para lograr el impacto deseado.  Se describen los personajes, la situación, la atmósfera…

El suspenso es un elemento esencial dentro de lo fantástico.  Y los procesos para lograrlo son diversos.1393895_10152576596550248_7879132272327119281_n

Ahora bien.  ¿El género gótico es el origen de la literatura fantástica?  Esta cuestión es complicada a la hora de establecer un vínculo porque se parte, efectivamente, de lo fantástico y no se tiene en cuenta la riqueza y la ambigüedad que rodean al género gótico.

¿Cuándo nace la novela gótica y dónde?  Surge, por curioso que suene, a la sombra de la Inglaterra del Siglo de las Luces (s. xviii).  Había un gran rechazo a lo sobrenatural en la vida cotidiana, lo cual se manifestó en lo literario y en lo estético.  Así pues, frente a la razón, se buscó lo irracional, y para captar nuevo público y tener nuevas fuentes de inspiración, optaron por el miedo, al cual le aplicaron una buena dosis de elementos fantásticos.

¿En qué se sustenta entonces la idea de que la novela gótica es el inicio del género fantástico?  Se sustenta en el hecho de que fue el primer movimiento literario que tomó conciencia, en relación con los elementos fantásticos, de la idea de realidad.  Hay un alejamiento de los mecanismos de lo maravilloso y un respeto por la realidad objetiva.  Era necesaria una realidad objetiva que respetara la cotidianidad del lector, si el elemento transgresor (o sobrenatural) pretendía desestabilizar sus límites y cuestionar la validez de sus reglas.  Es decir, un mundo perfectamente reconocible donde la irrupción del componente sobrenatural causara el efecto deseado.

Así pues, aquellas narraciones tipo El Castillo de Otranto, de Horacio Warpole (1764), fueron quedando lejos y más lejos: las narraciones actuales ya no se sitúan en escenarios de un pasado remoto, infestado de fantasmas y monstruos, con acontecimientos sobrenaturales, arraigados en tiempos de oscuridad.  El lector ya tiende a distanciarse de aquello que no es cotidiano ni se siente identificado con esa percepción de lo sobrenatural.

1526875_827160873991979_8364804038256211001_nLa literatura fantástica de nuestros días, en cambio, mantiene la verosimilitud; ofrece a cada lector los elementos necesarios para probar siempre que esa irrealidad es verosímil, verificable.  ¿Qué ocurre con la verosimilitud de la novela gótica?  No viene dada por la realidad cotidiana, sino por la realidad que mantiene esta con el autor y el texto.  En el momento en que se justifican los hechos sobrenaturales se pierde el anhelado efecto fantástico y las reglas de la causalidad, que de manera motivada organizan nuestro mundo y que deben por lo mismo organizar el texto, se quiebran.

Cuando el lector se enfrenta a un relato gótico, por lo general, está predispuesto, apoyado en convenciones psicológicas, culturales y sociales, a emitir un juicio de verosimilitud ante los hechos o acontecimientos reales, por un lado, y ante el hecho fantástico por otro.  Hay un sacrificio del elemento transgresor, y aunque se mantiene vivo el efecto de lo sobrenatural hasta el desenlace final, la literatura fantástica es el único género que no puede funcional sin la presencia de lo sobrenatural, es decir, sin la presencia de aquello que transgrede las leyes que organizan el mundo real.

¿Qué ocurre con el hecho sobrenatural que ya se vuelve explicable en el género gótico al pasar por el filtro de la razón, donde ya nada queda suelto a la imaginación del lector?  ¿Cómo irrumpe la irracionalidad en el texto?  Pues, a través del elemento transgresor que no necesita ser justificado, que no necesita explicación lógica alguna, entendiéndose como unidad que rompe con el orden establecido.  Así, el elemento transgresor no precisa se sometido a la verosimilitud y el conjunto del texto, por lo tanto, no lo sacrifica.  Estos dos polos opuestos, racionalismo e irracionalidad, han sido plasmados como en ningún otro género en la novela gótica.  Lo sobrenatural, desde este punto de vista, aparece como accesorio y subordinado a la verdadera esencia de lo gótico: el miedo.  Los elementos sobrenaturales pasan a convertirse en parte integrante al servicio de la arquitectura terrorífica.

Lo que caracteriza a toda novela gótica es el miedo, superpuesto al resto de elementos que la componen y estructuran, que según Lovecraff, debe aparecer siempre y estar presente en cada pasaje de la historia.graveyard_lovecraft_livestream_2h40_by_asahisuperdry-d5v1g1k

¿Qué pertenece al miedo?  El temor, el espanto, el pavor, sensación de peligro.  Y este lleva a lo conocido.  Es un poco más tangible.  La inquietud, la melancolía, la ansiedad, pertenecen al terreno de la angustia y, por lo tanto, a lo desconocido, lo menos tangible.  El miedo tiene un objeto determinado al que se le puede hacer frente (fantasmas, monstruos, etc.); mientras que la angustia no lo tiene, y se vive en la espera dolorosa ante un peligro que es mucho más temible porque no está claramente identificado: un sentimiento global de inseguridad.  Por eso es más difícil de soportar que el miedo.  Muchas veces el miedo nos impulsa actuar y a tomar decisiones.  La angustia designa cierto estado de expectativa frente al peligro y preparación para enfrentarlo, aunque se trate de un peligro desconocido.  El terror incluye el factor sorpresa; es cuando se corre un peligro sin estar preparado.

En la literatura fantástica el desasosiego se logra mediante la irrupción del elemento sobrenatural.  La novela gótica logra esto gracias a numerosos recursos: un repertorio conocido de elementos para representar lo horrible, lo sangriento, lo doloroso, cuyo resultado es una literatura hecha de atmósfera irrespirable: espacios tenebrosos, paisajes sublimes, descripciones horribles y agobiantes, escenas macabras…  Lo cual tiene como objetivo polemizar sobre temas tabú, aquellos temas anulados por la represión, por la religión… todo esto relacionado con la época de la Ilustración o aquellos que no encajaban con los esquemas mentales de los lectores del neoclásico.

305744_281380968549143_585770990_nEntonces, el terror se convierte en una exigencia de la novela gótica.  Todo está destinado a causar este efecto de miedo.  Es un requisito indispensable que debe cumplir la ficción gótica.  Pero esta fórmula, con el paso del tiempo, se fue desgastando y tuvo que evolucionar a través del relato fantástico, incluyendo nuevos componentes (miedos cotidianos) que provocaban más desasosiego que terror.  Esta evolución está marcada por el escepticismo y la desacralización crecientes.  Mueren muchas de las creencias de un ciclo mitológico (que comenzaron con el alba de la humanidad) pero perviven las emociones, que son, al fin y al cabo, la base que dio origen a todo, ya que todo sentimiento necesita expresarse de alguna manera.  Y para expresarse, se viste de un ropaje que no pretende ser conocimiento universal ni de la realidad objetiva: el cuento de miedo.  La creencia se convierte en estética.

La literatura fantástica, apoyada en las coordenadas y convenciones histórico-culturales del momento, evolucionó desde el oscuro siglo XVIII (Siglo de las Luces, paradójicamente) hasta nuestra actualidad.  Esta evolución se caracterizó por la búsqueda de nuevas formas de comunicar al lector el repertorio de miedos que forman parte de la cotidianidad.

Cuando el romanticismo se afirma, a mediados del siglo xix, en varios países europeos la literatura de miedo adopta en cada uno de ellos ciertas peculiaridades particulares.  En Alemania, por ejemplo, Llopis habla de la vigencia existente entre el cuento de miedo blanco, por oposición a la novela negra anglosajona.  «En los cuentos románticos alemanes abundan los elfos y las hadas, los duendecillos malévolos o bondadosos, las brujas, y también los alquimistas, cabalistas, nigromantes y doctores místicos de toda especie.  El romanticismo alemán es fabuloso, legendario, sombrío como una bruma del pasado».  No hay en él los elementos macabros ni morbosos de la novela gótica, sino el contenido de los cuentos populares que recogerán luego los hermanos Grimm.  Lo que configurará una de las raíces del futuro cuento de miedo moderno.  Según Llopis, el futuro cuento de miedo maduro aún no existe, pero tiene esas dos raíces: por un lado, una raíz negra que procede de Inglaterra, y la otra raíz blanca que procede principalmente de Alemania.  Luego de esto, vendrá otra mutación en este tipo de literatura que tiene que ver con el nacimiento del psicoanálisis de Freud y con la teoría de la evolución de Charles Darwin.  El miedo lo producen los misterios del inconsciente y de la realidad precaria, y los orígenes remotos, de vida prehumana de la civilización. 1294257263173_f

Podemos decir que el terror se relaciona a menudo con lo fantástico, pero no es una condición indispensable (Todorov); el miedo y lo fantástico pueden coincidir, manifestarse al mismo tiempo, nunca en relación de dependencia, pues ni lo fantástico produce miedo, ni el miedo provoca lo fantástico.

En el caso de la literatura de terror, se podría decir que pertenece a los diversos géneros de la literatura fantástica, más concretamente al que experimenta con la sensación del miedo.

Si la literatura fantástica tradicional coincide en gran medida con la ficción gótica es porque, en parte, heredó ciertos mecanismos que fueron relegados a un segundo plano debido a la evolución experimentada por el género, en busca de su propia autonomía: el terror, la arquitectura sublime o el elemento transgresor perceptible (fantasmas, vampiros, monstruos); y porque, además, reproduce la temática gótica adaptándola a los nuevos gustos y aunque algunos motivos permanecen, su significación evolucione.

Entre lo gótico y lo fantástico existe una continuidad, pero no una total y absoluta identidad.  Lo que es evidente, y esto lo voy a demostrar en el siguiente punto, es que sí existen puntos de unión entre el miedo y la literatura fantástica.

2312724385_b9df89cf62Ahora, vamos a hablar de los famosos Diez Ositos de Stephen King.  Según él, el cuento de horror nos pone en contacto con aquellas fobias personales, temores tipificados y reconocibles, que encuentran en él elementos simbólicos que la expresan.  Lo que nos asusta a nosotros, seguramente asusta a los otros también.  Estos son los Diez Ositos:

 

  1. Miedo a la oscuridad.
  2. Miedo a las cosas gelatinosas.
  3. Miedo a las deformidades físicas.
  4. Miedo a las serpientes.
  5. Miedo a las ratas.
  6. Miedo a los lugares cerrados.
  7. Miedo a los insectos (especialmente cucarachas y arañas).
  8. Miedo a la muerte.
  9. Miedo a los otros (paranoia).
  10. Miedo por los otros.

Cada uno puede armar su propio cóctel de miedos personales.  Para el narrador, la combinación de ellos en la ficción es la forma de permitirle al relato fantástico de terror que pueda hacer cumplir en el lector la catarsis y las proyecciones psicológicas.

Otros puntos de unión entre el miedo y la literatura fantástica están enfocados en la percepción o los problemas derivados de la percepción.  La confusión perceptiva deriva en consideraciones sobre lo invisible, informe, lo que acecha en la oscuridad, que se transforma en una amenaza para el sujeto perceptivo.  Aquello que no se ve, que no se conoce, se vuelve una amenaza (miedo).

El lector atraviesa por diversas etapas: seguridad, evasión, identificación y catarsis; de manera sucesiva o al mismo tiempo, y logra luego restaurar el equilibrio emocional. b4f87c2fb75412f438f22baaea0846a0-d3hv7uv

Por lo tanto, y en base a estas consideraciones, podemos afirmar que hay una vinculación estrecha entre lo fantástico y el miedo.  Todo lo que afecte al orden natural de las cosas y ponga en tela de juicio el orden de la razón (sin una convención como sucede con lo maravilloso) produce miedo.  La desestabilización del orden racional hace tambalear nuestra relación con el mundo.  El discurso realista se desarticula en presencia de categorías que se relacionan de manera negativa: lo invisible, lo irreal, lo desconocido, lo informe; presentes en él.  Lo que el sujeto no puede percibir se transforma en una amenaza de grandes dimensiones para su entendimiento.

Miedo y fantástico van de la mano.  Basta con poner al sujeto frente a un objeto que no pueda manejar ni identificar, para que no pueda atribuirle explicaciones realistas o naturales.  El miedo nace por esta causa en lo fantástico.

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Origen del mito del vampiro a nivel antropológico y literario

Byron_by_fuchsiart¿Qué representa la figura del vampiro?  Es la reencarnación del mal.  Un mito legendario.

«El vampirismo es uno de los mitos más perdurables, universales y populares de todos los tiempos, con innumerables vinculaciones a otras leyendas y supersticiones, [lo que] indica la existencia de una representación psíquica. Esta es una de las más arcaicas imágenes que conocemos». (Origen del mito del vampirismo – I. Rodríguez de la Sierra).

Pero a nuestra mente siempre acude la figura del vampiro como si fuera un Don Juan o un Fausto, una criatura que ha pactado con el diablo y que persigue sobre todo a las mujeres para destruirlas.  Por supuesto que esta imagen nació de la literatura romántica.  En realidad, el vampiro del folclore no tiene nada de atractivo ni de Don Juanesco.

A nivel antropológico o folclórico, algunos estudiosos han dicho que el vampiro reúne cinco categorías de distintas creencias mágicas:

  1. Son muertos vivientes.
  2. Son espíritus, íncubos o súcubos que hacen visitas nocturnas.
  3. Son como las stryx de la antigüedad que chupaban sangre.
  4. Son las brujas de las tierras eslavas y balcánicas que siguen haciendo daños después de muertas.
  5. Son hombres lobo, personas que adoptan el aspecto de un lobo para atacar a los hombres y devorarlos.

Pero es solo el aspecto de muerto viviente que sale de su tumba el que ha tenido  una gran importancia a la hora de crear el concepto de vampiro moderno occidental.  En aquellos lugares donde no hay enterramientos sino incineraciones, el vampiro no se conoce.

Muchos dioses de Europa, Asia y parte de África succionaban o bebían sangre. Un grupo de deidades en el lamaísmo tibetano, los Vajra, bebe sangre para alcanzar el control sobre la vida y la muerte.  En uno de los más antiguos relatos jamás registrados, la leyenda de Gilgamešh, héroe de la epopeya babilónica, el vampiro es descrito de manera más precisa y sangrienta que en las épocas medieval y moderna. La más antigua representación aparece enKali_by_kometani un tazón prehistórico asirio, que muestra a un hombre copulando con un vampiro acéfalo. En el México precolombino, los vampiros se conocían como sihuateteo, mujer que moría durante el parto (como la madre de Bram Stoker). El vampiro chino Ching Shih, citado en los cuentos de la dinastía Tang, tiene un gran parecido con sus contrapartes occidentales. El vampiro llegó a Europa posiblemente desde India, a través de Turquía y los Balcanes.

Como podemos ver, el vampiro adopta en algunas culturas americanas y orientales la figura de una deidad demoníaca o es un dios menor que forma parte de un panteón siniestro.  En la cultura India, por ejemplo, la Diosa Kali es un ser vampírico que se alimenta con la sangre de los hombres.  La mayoría de los dioses eran seres sedientos de sangre y por eso se ofrecían sacrificios humanos.

Así vemos cómo el Oriente próximo y el espacio mediterráneo influenciaron en las antiguas creencias sobre vampiros.  Lilith es otro claro ejemplo: la diosa sedienta de sangre, autóctona de Babilonia, se introdujo en el mundo hebreo como una diablesa lujuriosa que devoraba niños y hombres por igual.

Estas leyendas ejercieron una notable influencia en el Occidente cristiano.  El vampiro fue una excusa para explicar las enfermedades que asolaron gran parte de Europa, antes de que la ciencia pudiera explicarlas racionalmente.  Igualmente, las guerras y la escasez de alimentos propiciaron estas creencias, sobre todo en las zonas de los Balcanes, donde los conflictos bélicos causaron estragos durante siglos en el imperio cristiano de los Hadsburgo y en el reino musulmán de los otomanos.  También la Iglesia aprovechó esto y supo sacar partido del miedo a los vampiros en beneficio propios, al vincularlos también con las brujas.  De esta manera la Iglesia se sirvió de este miedo para que las gentes de los pueblos observaran las normas cristianas como protección contra los succionadores de sangre.

En las culturas primitivas se habla de canibalismo.  Y las fuentes que hablan sobre este tema son numerosas: desde el Antiguo Testamento hasta los cuentos y leyendas.  En muchas tribus se tenía la creencia de que comiendo el cerebro de su adversario se poseía la fuerza y la inteligencia, así como si se bebía su sangre.  El canibalismo también forma parte de la cultura occidental moderna, representada en la Eucaristía, con la ayuda de Dios, el sacerdote convierte el pan y el vino en la carne y la sangre de Cristo.  Es un ritual donde los cristianos se alimentan de la carne y de la sangre de Jesucristo.  Aquí observamos que el canibalismo se puede practicar en el plano material o espiritual.  Suele pasarse por alto otro tipo de canibalismo que se encuentra en nuestra sociedad  y tiene componentes patológicos y eróticos.  Cuando los amantes hacen el amor, en cierta forma, se comen entre ellos, uniéndose en una sola persona.  No olvidemos el mordisco sádico, el beso…

rusalka_by_miguelcoimbra-d33y5id ¿Cuál es el prototipo de vampiro más conocido?  El de origen eslavo, por supuesto: un ser humano convertido después de morir en un cadáver activo, sediento de sangre.  Abandona su tumba y ataca a los vivos.  Durante el día permanece en su fosa, pues está ligado a la tierra-patria de la misma.  El cadáver no presenta signos de descomposición y si los hay son muy pequeños.  El pelo y las uñas les siguen creciendo, tiene la tez rosada y si el vampiro ha bebido sangre, esta le sale por la nariz, las orejas y la boca.  Sus víctimas también se convierten en vampiros al morir.  Este vampiro «clásico» está arraigado en el Occidente cristiano.

Los primeros testimonios escritos datan de fechas y de países europeos distintos.  Se habla de que estos muertos masticaban sus mortajas y se mutilaban a sí mismos.  Los más numerosos se encuentran en los Balcanes ya que constituían un crisol de culturas diferentes y cada una de ellas contribuyó a la creación del mito del vampiro, creencias favorecidas por las guerras entre cristianos y musulmanes.  Hay un dato curioso: puede explicarse  que el mito del vampiro estuviera tan extendido por Transilvania gracias a que los mogoles tibetanos creían en los vampiros y en un dios murciélago.  Y fue también en Transilvania donde se difundió la creencia de que se podía recurrir al ajo para combatir a las tinieblas, pues el ajo tenía cualidades medicinales; por tanto era considerado magia buena o blanca.

Ya en la Ilustración, el virus del vampiro se había extendido por Europa.  Tanto así que se escribieron los primeros tratados o estudios sobre el vampirismo: el tratado De la manducación y el chasquido de los muertos en sus tumbas (1728) de Michael Ranffitius y el ensayo del abad benedictino francés Augustín Calmet Disertación sobre los vampiros o revividos (1749).

La fiebre del vampiro comenzó a decaer a mediados del siglo xviii pero las ejecuciones a supuestos cadáveres de vampiros se siguieron practicando hasta el umbral del siglo xx.

Pero el vampiro no durmió el sueño de los mortales sino que surgió de nuevo en el romanticismo.  Conquistó la literatura de ficción y desde aquel momento ha conservado una posición de privilegio que se ha mantenido hasta la actualidad, sobre todo gracias a los medios de comunicación.

El vampiro sigue brillando con luz propia más que cualquier criatura de la noche y nada puede dañarle, ya que resucita una y otra vez.

¿Y qué personifica el vampiro?  A la Sombra de la cual habla Jung.  Son los impulsos humanos más primitivos reprimidos.  También representa los miedos más profundos e incluso se le ha situado por delante del demonio al encarnar al mal como entidad.  Es el lado salvaje del hombre,  en conflicto con las normas sociales y religiosas.  Es una combinación de varios temores: 564940_377916465562259_1456898893_n

  • Sangre como vehículo del alma y fuente de poder
  • Temor a la depredación
  • Temor a la enfermedad y a la muerte
  • Temor al cadáver como expresión palpable
  • Fascinación temerosas por la inmortalidad
  • Instinto de supervivencia

Por lo tanto, el vampiro que nos remite a nuestra propia sombra es un ser de oscuridad.  Es un ser que se debate entre la oscuridad de la noche y la oscuridad de su alma.  Un ser proscrito.  Son envidiados por su inmortalidad y por eso son perseguidos.  Los humanos tenemos fecha de caducidad.

¿Cuándo comenzó a escribirse sobre vampiros?  No se tiene una constancia  de cuándo y dónde surgió el género literario, aunque haya florecido en el romanticismo.  Pero sí podemos decir que para acercarnos a este género es importante buscar las raíces en las leyendas y los mitos.  Encontramos huellas en las civilizaciones antiguas como bien hemos comentado al comienzo.  Ya en China se contaban historias de vampiros hacia el año 600 A.C. o en leyendas de la India.  Los escritos acerca de vampiros están relacionados con los escritos sagrados de los pueblos.  Ya en las poesías se habla de empusas, lamias, strix, que chupan la sangre.  También Homero habla de vampiros cuando Ulises debe redimir a los suyos del reino de los muertos con sangre.  En Las mil y una noches Scherezade cuenta la historia de un joven príncipe que fue víctima de un ghoul que bebía sangre.  Aparecen los vampiros en las sagas islandesas, etc.  Así vemos que esta figura surge de las creencias populares.  El vampiro occidental aparece mucho más tarde en la literatura.

Solo cuando el siglo de las luces comenzaba su final fue cuando los artistas comenzaron a ver al vampiro desde otro punto de vista menos racionalista y sintieron atracción por su profundidad abismal.

¿Cómo evolucionó la imagen del vampiro romántico al de hoy día?

Hay un estudio sobre el vampiro en la literatura romántica, de James B. Twitchell, donde se afirma que el vampiro actual es muchas veces grosero, aburrido y demasiado adolescente cuando se le compara con el sofisticado succionador de sangre del siglo XIX.  Son monstruos humanizados.

Red_Murder_in_your_eyes_by_sakimichanLa fiebre literaria llegó de la mano de la novela gótica o romanticismo negro.  Solo entre 1790 y 1820 aparecieron unas 300 novelas de esta categoría de terror.  Hay muchos autores que abordaron este tema: Edgar Alla Poe, William Blake, Byron, Keats, Prosper Merimee, Baudelaire, el conde de Lautreamont, las hermanas Bronté, Mauppasant, Shelley, Lovecraft…

El ideal romántico era la exaltación del dolor y el sufrimiento, de la belleza maldita y horrenda, de la rebeldía, del infierno interior al que el hombre es arrastrado sin tener ninguna culpa.  Y el vampiro está libre de culpa porque es la imagen del ángel caído en desgracia y por lo tanto esto le confiere un carácter dramático, trágico y moderno.  A pesar de todo esto, su poder destructivo es real.  Representa la rebeldía, la insumisión y la crítica.  Es temido por una sociedad que le alimenta.  Representa el deseo terrible por la supervivencia, destruyendo a otros para mantener su propia existencia. Si el temor a la muerte puede ser comparado con el miedo de lo inconsciente, y la vida con la sangre, el vampiro podría ser visto como una proyección de la lucha entre la vida y la muerte.  Es un parásito.

Hay una anécdota que muchos conocen al respecto del nacimiento del género fantástico y de terror.  En 1816, se reúnen unos ingleses excéntricos en la villa Diodati en Ginebra.  Se trataba, nada más y nada menos, que de Lord Byron, John Polidori, el poeta Percy Bysshe Shelley y la que sería su esposa la novelista Mary Wollstonecraft Shelley.  Allí nacieron Frankenstein de Mary Shelley y Der Vampyr de Polidori.  Los rasgos con que Polidori viste a Lord Ruthven son claramente byronianos.  Y aún cuando haya quedado en el olvido, Lord Ruhtven fue el primer esbozo de Drácula  y desencadenó la fiebre literaria del vampiro hasta el presente.

Ahora el vampiro no solo tenía una cara oscura y terrible, sino que también tenían una gran carga erótica.  Encontramos al vampiro literario del siglo XIX con varios aspectos: el de criatura maldita y melancólica, el de vividor diabólico, el de ángel caído, o el de parásito que se alimenta de la energía de otros y, por último, la versión del vampiro exótico y seductor como Lord Ruthven o su versión femenina, Carmilla de Sheridan Le Fanu.

Lord Ruthven va a ser el representante arquetípico de la versatilidad vampiresca: es un seductor, se desconoce la causa de su perdición, es un cruel vividor y, en tanto que aristócrata, pertenece a la clase explotadora, lo que recuerda el sentido sociológico de la frase «chupar la sangre».  Todos estos rasgos están encarnados magistralmente en otro aristócrata, el héroe negro de la novela de vampiros por excelencia y referente literario hasta nuestros tiempos: Drácula de Bram Stoker. The blood is the life

Podría afirmarse que Drácula es la última gran novela gótica, ya que en ella se plasma una historia de tentación y seducción en un escenario que se adecúa al mundo gótico: muros derruidos, castillos ventosos, tétricos mausoleos, cementerios, ratas, murciélagos y un ser demoníaco y malvado.  Desde entonces estos han sido los ingredientes del género y los autores, con el paso del tiempo, han ido incorporando otros nuevos para ser tomados en serio.

Luego vendrá la comercialización de la figura del vampiro, gracias a las diversas industrias culturales.  El vampiro ya no es visto como una horrible fatalidad sino como una forma de vida deseable y no censurable.  A pesar de la gran comercialización de que ha sido objeto esta criatura y el uso indiscriminado que se ha hecho de ella, el vampiro no puede ser eliminado, al contrario: siempre resucita en cualquier momento.  Su vitalidad escriba no solo en que ha caminado por muchos senderos sino que ha abierto otros nuevos.  Su evolución puede verse en lo siguiente a nivel literario:

  1. Puede ser un personaje satírico y plural.
  2. Es abordado desde un punto de vista más amplio, no solo como un chupador de sangre sino también como un hombre lobo.
  3. Es sacado de su castillo y de su ambiente para presentarlo como una figura del futuro.
  4. Hay una intelectualización del vampiro y su entorno, donde el no muerto puede analizar sus impulsos con mayor objetividad.
  5. Hay un desarrollo del vampiro a nivel interior; se observa a sí mismo.
  6. Ha atraído también al lector de ocio, un género en alza.
  7. El vampiro ha conquistado América.  No solo están de moda en Hollywood o numerosos autores escriben sobre él sino que realmente abandona el Viejo Mundo para instalarse donde reside ahora el poder, el Nuevo Mundo.
  8. Ya no solo escriben los hombres sino también las mujeres.  El principio del vampiro se entiende abiertamente como un principio vital común que trasciende lo sexual y se hace extensivo tanto al hombre como a la mujer.

lestat_de_lioncourt1Encontramos a Anne Rice como una de las mayores escritoras del género.  Su éxito se basa en que los vampiros son americanos, modernos.  El mundo del vampiro es feminizado y ya no gobernado por hombres.  Ha construido una nueva mitología propia sobre vampiros donde se abordan casi todas las preguntas sobre la humanidad, ya sean de naturaleza filosófica o espiritual.  Narra en primera persona y la identificación con el vampiro es mayor que en la narrativa habitual.  El vampiro deja de ser un monstruo para convertirse en un objeto de identificación.  Son protagonistas, héroes atractivos que satisfacen los anhelos de belleza, riqueza, poder e inmortalidad.

Ahora bien, ha aparecido otro tipo de vampiro edulcorado que inspira admiración, deseo y amor.  Se trata, cómo no, de la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer y que ha revolucionado a millones de jóvenes adolescentes con su historia de amor tipo Romeo y Julieta.  Los vampiros se han vuelto a poner de moda entre los adolescentes.  Son vampiros incapaces de hacer daño al ser humano.  Digamos que son abstemios.  Y no solo eso sino que salen a la luz del día y brillan como los letreros de neón.  Gracias a esta nueva imagen del vampiro han aparecido otros libros como Crónicas Vampíricas o True Blood donde los vampiros conviven con los humanos y muchas veces hasta pasan desapercibidos.

Pero hay una cosa que no debemos olvidar.  Por mucho que tratemos de humanizarlos, los vampiros han surgido de las pesadillas, de los bajos instintos y de la oscuridad más absoluta.